Tenía solo 16 años cuando me dijeron: "Tienes miastenia gravis". En ese momento, mi vida cambió por completo. Era joven, un atleta que jugaba al fútbol y corría en pista, y además era bastante bueno. Pero casi de la noche a la mañana, todo desapareció. Perdí la capacidad de caminar, hablar, tragar y, finalmente, incluso respirar. Las hospitalizaciones se convirtieron en la norma, al igual que el soporte vital.
Durante una de mis muchas hospitalizaciones, un médico me acompañó y me dijo que era hora de aceptar mi destino, que así sería mi vida. No podía hablar, así que tomé el bloc de notas que tenía a mi lado y garabateé una palabra que lo cambió todo: NO. Ese "no" se convirtió en mi salvavidas. Me ayudó a superar años de reveses, tratamientos y victorias duramente ganadas.
Terminé la escuela. Forjé una carrera. Me casé. Fui madre. Y en 1997, lancé la primera Caminata MG anual en mi ciudad natal. Después de 20 años organizando la Caminata MG, me retiré para centrarme en nuevas metas y, poco después, entré en remisión.

Han pasado seis años sin miastenia gravis y me siento increíblemente afortunada de haber llegado hasta aquí. En retrospectiva, luchar contra la miastenia gravis fue realmente mi primer maratón: impredecible, agotador y, a veces, solitario. Me enseñó paciencia, determinación y a seguir adelante, incluso cuando el progreso parecía imposible.
Ahora, a los 52 años, estoy entrenando para el Maratón de Nueva York TCS 2025. Corro por todos los que aún luchan contra esta enfermedad. Esta carrera no se trata solo de cruzar la meta, es un momento de círculo completo. Una celebración de la resiliencia y una prueba de que nunca te rindes ante tus metas, sin importar cuánto tiempo lleven.
Por favor considere apoyar mi viaje y donar para ayudar a financiar la investigación de MG, generar conciencia y dar esperanza a aquellos que todavía están en la lucha.
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